miércoles, 15 de febrero de 2017

Microrrelato I

Llegó el invierno con su frío. Y quiso el antojadizo viento jugar con todo lo que hubiera en su paso para conocer su tacto. Entonces se enamoró de la fragilidad de las hojas, y las arrancó para hacerlas volar con él en un torbellino. El gran árbol quedó desnudo y todos se rieron al verlo, pero eso a él no parecía importarle. Lloraba por su gran pérdida, nutriendo así sus raíces de una terrible pena. La lluvia se apiadó del desconsolado y quiso unirlo con sus queridas y preciadas hojas en un abrazo efímero a través de aquel charco que pasaba inadvertido para todo aquel incapaz de ver en acción a la madre naturaleza.

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