jueves, 29 de diciembre de 2016

Copos de nieve -- Diego Alonso R.



¿Qué estoy haciendo? Es la única frase escrita en la pantalla. Su imaginación esta apagada, ya no es el gran escritor del pasado. Y el lo sabe bien, pero no puede rendirse tan fácil, aunque no falta mucho. Su mente está agotada. Por eso se sirve otro vaso de whisky, coge el abrigo y se marcha.

 No está seguro de que hace, solo necesitaba salir de casa. Despejarse un poco, dejar de beber. Mientras camina piensa en como llegó a eso. Antes era un buen escritor, nunca fue famoso, pero era bueno. Sabía sacarse las historias de la cabeza, darles vida sobre el papel. Tal vez ya no tenga una historia que contar. En eso pensaba cuando pasó por enfrente al parque. No pudo evitar mirar a los niños, habían creado la más épica de las guerras, con bolas de nieve. No pudo evitar sonreír y sentir un profundo dolor.

 Su aliento se condensa en el aire y le encanta. Desde pequeño le gusta, es la confirmación de que es invierno. O tal vez solo es imbécil, es otra posibilidad. Sin darse cuenta termina pensando en la navidad. Es algo inevitable, sin importar a donde mire algo se lo recuerda. Una casa con luces, los arboles del pueblo decorados, o las niñas jugando. Es algo que no puede evitar, algo que tiene que evitar. Por lo que acelera el paso, tiene que llegar a casa.

 Por fin regresa a casa, cierra y se apoya en la puerta. Mantiene sus ojos cerrados, necesita concentrarse. Casi le da un ataque al abrirlos. Todo estaba lleno de luces navideñas, colgadas de un lado al otro, es hermoso. No le gusta, tiene que escapar, se da la vuelta para salir pero ya no hay una puerta por la que huir. Mira a todos lados desesperado, entonces se da cuenta. En medio de la sala hay una mesa llena de dulces navideños, con una silla a cada lado. Y solo una una silla está libre.

 Se acerca con cuidado, no sabe como reaccionara a esto. En la silla hay alguien sentado. No podría decirse con claridad si es hombre o mujer, solo alguien. Tiene una larga melena gris y parece que no tiene fuerzas. No aparenta ser feliz.

- Sientan te, por favor. - Su voz es dulce, tanto que duele escucharle. Pero el hombre le hace caso y se sienta en la otra silla.

- Has tardado en venir a verme.

- ¿Venir a verte? Si es mi casa.- No sabe con quien habla, pero tiene que saber como salir de ahí.

- ¿No recuerdas este lugar? Entiendo, todavía te duele.

- ¿Qué? No sé de que hablas, pero tengo que salir de aquí. Dime donde esta la salida.- Pero no obtuvo respuesta. El ser solo le miro a los ojos, parecían querer gritar algo. No pudo evitar apartar la mirada.

- Entiendo, ya no confías en mí.- No deja de mirar al escritor.

- Lo siento, pero ya dije que no se de que hablas. Ni siquiera te conozco.

- Entiendo, ¿Tampoco conocías a Sara?

- ¿Qué? Mira, esto ya no tiene gracia. Dime donde está la salida.- Se nota que está nervioso.

- Cuando estaba ella eras más feliz, lo pasábamos bien juntos. Lo hecho de menos.- Sus ojos se apagaron un poco.

- Te repito que no sé quien eres y no hables de ella.

- ¿Por qué? ¿Acaso quieres olvidarla? No puedes, es parte de todo. Al igual que yo.

- ¡Ya basta! No entiendo nada de esto, pero no pienso aguantarte más, me voy.- Lo dijo mientras se levanta y se marcha hacía las escaleras, buscando otra salida.

- Ella no quiere verte así, le haces daño. - El hombre dejó de andar. Esta de espaldas pero cualquiera podría ver que esta enfadado.

- ¿Qué has dicho? - Tuvo que esforzarse para no gritar.

- Le haces daño.

- ¡No te atrevas a decirme eso! ¡No puedo hacerle daño, no puede sentir nada, porque está muerta! Muerta. - Sin darse cuenta había vuelto sobre sus pasos y ahora agarra al visitante por los hombros.

- Yo sí la veo.- Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos. Al verlo el escritor le soltó.

- No quería asustarte, pero deja de mentirme. No tiene gracia.

- ¡No miento! Ella está aquí, siempre lo ha estado. Y tú te niegas a verlo, por eso lloramos.- Cada vez llora con más intensidad.

- ¿Aquí? - Quiso decir algo más pero no pudo hacerlo. Se dio cuenta de donde estaba. Es la casa donde vivía hace dos años. Mientras el ser seguía llorando, ahora desesperado.

- No puede ser, es mi casa ...- El hombre sintió de nuevo ese dolor en su pecho.

- Es nuestra casa, por favor recuerdanos. No puedes olvidarnos.- El ser no deja de llorar, pero ahora le mira a los ojos.

- ¿Sara? Es imposible, tienes sus ojos.- Se miran y el dolor crece, aunque el ser esta sonriendo. Una imagen extraña ya que no deja de llorar, aunque con menos intensidad.

- Nos recuerdas, todavía nos recuerdas cariño.- Ya no era la misma voz, era la voz de Sara.

- Claro, nunca podría olvidarte.- El escritor se acerco a ella, sus ojos estaban vidriosos.

- ¿Entonces por qué intentas olvidarnos? ¿ Por qué insistes en ser infeliz?- Con cada palabra su pelo se hizo un poco más oscuro.

- Es que no puedo ser feliz sin ti, te hecho de menos, siempre lo hago. Por eso intenté olvidarte, pero no soy capaz. - El dolor es demasiado grande, las lágrimas caen sin poder ser contenidas.

- Pero no debes olvidarnos, somos parte de ti. Tienes que recordarnos, al final el dolor se hará soportable y podrás seguir. Pero debes aceptarnos.- Ella le acarició la cara y por un momento el hombre sintió que estaba vivo.

- Espera.. ¿Por qué hablas en plural? - Estaba tan emocionado que no se dio cuenta hasta ahora.

- Porque debes recordarnos a las dos, a mí y a tu felicidad.- Ella sonrió y por fin pudo ver de nuevo su rostro.

- ¿Mi felicidad? No lo entiendo. Sabes que te necesito para ser feliz.

- No. Fuiste feliz antes de mí y seguirás siéndolo. Solo tienes que recordar. Vuelve a ser tú, por favor.

 Antes de que el pudiera hablar ella le abrazó. El no pudo contenerse y la apretó contra su cuerpo, quiere sentir de nuevo su calor, respirar su olor. Notarla de nuevo, se separa un poco y la besa. Nunca un beso fue tan placentero, aunque sentían sus lágrimas. Con los ojos cerrados es como si nunca se hubieran separado. Eran felices de nuevo. Pero al abrir los ojos volvía a estar solo en su casa.

Miró a su alrededor. Y tras limpiarse la cara se sentó, tenía que escribir.

Diego Alonso R.

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4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias Digo. E igualmente ha sido un enorme placer trabajar con un autor tan talentoso. Otro abrazo!! :D

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  2. ¡Hola! Me encantó este relato, muchas gracias por compartirlo.
    Nos leemos, ¡un beso!

    Romi | Serendipia

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    1. Hola Romi! Es un relato precioso. Gracias a ti por leer y comentar. Besos a ti también.

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