sábado, 29 de octubre de 2016

El convento número 13

    Cuenta una vieja leyenda que un convento derruido por el paso del tiempo escondía un terrible secreto que acabaría con el atrevido que osara adentrarse en sus entrañas. Solo alguien conocía su secreto, pero no podía hablar de ello.
    Situado al final de un diminuto pueblo, con el número 13 grabado encima de la puerta tenía un aspecto normal a los ojos de todo el mundo. Sin embargo, era en su interior donde ocurría la gran catástrofe, que era silenciada por sus gruesos muros para no levantar sospecha. Es por eso por lo que apenas unos pocos creían en esa historia.
    El 31 de cada mes, 30 en su defecto, aparecía un gato negro que aguardaba en la puerta. Tenía la misión de alejar a los curiosos en ese día en el que la magia era poderosamente alta. Pero sus enormes ojos amarillos que transmitían secreto hacían que los pocos que creían en la leyenda del convento tuvieran más ansias por entrar y descubrir si esos hechos que se contaban eran reales o no.

    Sucedió que un 31 de octubre, un grupo de chavales tras observar durante meses el edificio y percatarse del detalle del gato, planearon entrar de madrugar para que nadie les viera. Eran las dos de la mañana cuando se reunieron en la puerta. El gato, como cada último día de mes, estaba allí sentado, pendiente del grupo de chavales que se acercaban a curiosear. Cuando ambos estuvieron a unos pasos de distancia, el gato se levantó y empezó a andar hacia ellos. Alzó la mirada implacable y un escalofrío fue recorriendo lentamente el cuerpo de cada uno de los jóvenes. Empezaron a dudar de si lo que iban a hacer sería buena idea o no, sin embargo, decidieron seguir adelante. La curiosidad era más fuerte que el miedo en esos momentos. El gato negro, al ver que su mirada no había surgido efecto, les adelantó y empezó a maullar con fiereza. Los pelos se le erizaron y se puso en posición de ataque. Por nada del mundo debía dejar que pasaran. En ese momento el grupo tuvo que retroceder. Desaparecieron en la oscuridad bajo la atenta mirada de aquel felino para pensar un plan b. Volvieron de nuevo al poco tiempo. El gato negro se extrañó al ver tan solo a dos de los cuatro miembros del grupo. Los dos muchachos se acercaron de nuevo al animal para hacer que este se acercase también. Fue entonces cuando los otros dos que faltaban aparecieron por atrás y apresaron al gato con un cubo de basura. Eliminado el inconveniente, ya podían entrar.
    La enorme puerta de madera desgastada y arañada por el tiempo, chirrió al abrirse. El interior estaba en total penumbra apenas se podía ver la entrada con los escasos rayos de la luna. Cuando terminaron de entrar, la puerta se cerró sola de un portazo y un nuevo escalofrío les recorrió el cuerpo, haciéndolos sudar esta vez. Encendieron las linternas de sus smartphones y no pudieron salir de su asombro. Las paredes estaban cubiertas de sangres, algunas de ellas tenían inscripciones grabadas en una lengua que no entendían, el altar estaba roto por la mitad ¿cómo se podía haber roto de esa forma?, en las ventanas solo quedaban las vidrieras de color rojo y en el techo…ahí estaba lo peor. Fue lo último que alumbraron con la tenue luz de la linterna, pero fue suficiente para ver lo que había y ahogar un grito de terror. Allí arriba colgaban como murciélagos cientos de cadáveres que parecían observarlos con temor, conocedores de su destino. Creyeron oír un susurro que decía “huid” y sin pensarlo dos veces se dirigieron a la puerta pero no pudieron abrirla. Unas antorchas, hasta entonces ocultas por la oscuridad, se encendieron una a una como efecto dominó hasta hacer aparecer a un tipo con una capa larga cuya capucha ocultaba su rostro. Empezó a andar de un lado a otro, rodeando el espacio sin mirar a sus nuevos inquilinos.

    -Cuenta una vieja leyenda –empezó a narrar- que un convento derruido por el tiempo esconde un terrible secreto que acabará con el atrevido que ose adentrarse en sus entrañas. Dicen que dentro de dicho edificio se esconde una criatura maligna que despedaza los cuerpos de los curiosos, los quema, se los come y bla bla bla. –Empezó a reírse y se quitó la capucha dando lugar a una cara desfigurada.- ¿De verdad creéis en esos cuentos de abuela? La cosa por mi parte no va así, pero gracias a esas habladurías yo puedo conseguir lo que quiero, vuestras almas. ¿No habéis oído que la curiosidad mató al gato? –Volvió a reírse.- Bueno, bueno, bueno. Dejad de abrazaos como si fuerais críos, solo vais a sentir un terrible dolor y después se acabó todo.
    La criatura se fue acercando tranquilamente a ellos, disfrutando de su miedo, casi saboreándolo. Los jóvenes estaban con las espaldas pegadas a la puerta, asustados y con las lágrimas saltadas por las terribles palabras que ese ser. Cuando estaban a un paso de su final,  la criatura se arrancó la máscara de la cara dejando ver a otro de sus amigos que les dijo que no podía ir con ellos a investigar porque estaba malo. Los cuatro muchachos soltaron un gran suspiro mientras el otro moría de la risa. Estuvieron a punto de salir para marcharse de allí cuando algo le hizo darse la vuelta.
    -Tengo muy malos imitadores.

2 comentarios:

  1. Hola!
    Te hemos nominado en el blog La Alfombra Roja de la Lectura al premio Liebster Discover New Blogs Award. Si gustas darle un vistazo te pasamos el enlace:

    Nominación: LIEBSTER AWARD Discover new Blog


    Saluditos, nos leemos, besos!!

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    1. Muchas gracias a ambas! Es la segunda vez que me nominan a este premio (aún tengo que nominar a 9 blogs) pero responderé a vuestras preguntas encantadas. En pocos días os avisaré para que veáis la entrada si queréis. Muchas gracias de verdad un fuerte abrazo!

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