miércoles, 14 de septiembre de 2016

Resurrección

Algo le presionaba fuertemente el pecho. No le dejaba respirar. Sentía el aire escaparse de su diminuto cuerpo y abandonar la poca vida que quedaba en él. De repente, le entró sueño, mucho sueño. Los párpados le pesaban demasiado para tenerlos abiertos, así que decidió cerrarlos. Lo veía todo oscuro, pero la visión se le fue aclarando poco a poco. Primero apareció un color anaranjado, tan bonito como el de los atardeceres. Después apareció una luz blanca que le cegó e hizo que se estremeciera. No duró mucho tiempo y se apagó por la sombra de una persona. Se alegró de su llegada, porque le resguardaba. Veía que sus labios se movían pero no escuchaba nada. Arrugó el entrecejo inconscientemente e intentó agudizar el oído, en vano. Intentó levantarse, pero sus esfuerzos solo le llevaron nuevamente al suelo. Entonces aquella figura se acercó. Tendió su mano y al tocarle, una luz penetró por los poros de su piel iluminando las venas como si fueran los miles de caminos de una ciudad. El aire volvió a brotar en sus pulmones, la vida regresó a su sitio. Un gran suspiro salió por su boca y los ojos se volvieron a abrir dejando ver a esos maravillosos ojos azules llenos de pureza e inocencia.

2 comentarios:

  1. ¡Hola! Bonito micro. Así imagino yo cómo debe ser volver a la vida o, incluso, nacer. ¡Saludos!

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    1. Muchas gracias Noemí. Me alegra saber que te gusta y que pensamos igual. Un abrazo!

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