domingo, 7 de agosto de 2016

Mentiras

    “Las mentiras tienen las patas cortas”

    Aprendió eso de una persona que después resultó ser la reina de la mentira. Todo a su alrededor se volvía una gran farsa, como si fuera una enorme obra de teatro en la que ella, se había convertido en la protagonista. No sabía qué ganaba la gente mintiendo. Todo parecía un juego y tuvo que aprender a jugar. Aprendió a desenmascarar las mentiras y a echarlas también. No le gustaba hacerlo, pero a veces no le quedaba otra.

    Cuando estaba sola, pensaba que vivía en un mundo imaginario. Pero ese mundo era siniestro, como una prisión oscura, fría y sin salida. Las calles se convertían en un laberinto y daba miedo andar por ahí. Nunca sabía lo que aguardaban los recodos, pero tenía 
 que ser valiente y seguir adelante. Si entró, fue por algún lado, así que también se podría salir. La cuestión era cómo.


    En el largo camino vio muchos nombres y caras conocidas. La verdad era que no se sorprendía. De hecho, a estas alturas nada lo hacía. Siguió andando. A veces daba con una calle sin salida y daba la vuelta. Cada vez estaba más cansada y sus piernas decían no, mientras su mente se esforzaba por no perder el control. Al poco paró en seco. Sus puños se cerraban solos, con fuerza, al igual que los párpados. Giró la cabeza para no seguir viendo. "Tu nombre. ¿Qué demonios hacía allí tu nombre? Y eso no era todo. ¿En qué me habías mentido?" Se preguntó. Dos lágrimas brotaron de sus ojos rojos por el esfuerzo de antes. Movió la cabeza bruscamente y después se llevó las manos hacia la misma. No, no lloraría. Ahora más que nunca tenía el coraje suficiente para salir de aquel endiablado lugar. Juró que saldría. No era como aquella gente, ese no era su lugar. Empezó a correr de un lugar a otro, pero la salida no aparecía. Se hartó y empezó a cruzar por medio de aquel estúpido laberinto en el que la habían metido sin ella querer. Lo destrozó. Entonces todo desapareció y despertó. Despertó de esa horrible pesadilla empapada en sudor. Aún tenía los puños cerrados. Sonrió irónicamente. No había sido un simple sueño, había visto la pura realidad. La verdad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario