miércoles, 10 de agosto de 2016

Carta de despedida


    Ha llegado el momento de decir adiós. Lo sé, las despedidas son tristes y yo las odio. Pero a veces hay que decir adiós, aunque duela, aunque no se quiera. Yo digo adiós a mi antigua vida, porque ya no va conmigo. Ya no soy la misma persona de hace unos años, aunque me sigan viendo igual de cría que antes. Digo adiós al pasado, porque está lleno de recuerdos que ya no son alegres al corazón. Digo adiós a todas esas personas que dejé atrás y a las que están cogiendo las maletas para marcharse. En cierto modo, yo también las estoy haciendo. Quizá me vaya a un nuevo destino, lejos de aquí para empezar de cero. Me gustaría cambiar de aires, conocer gente nueva, por eso digo adiós.



    Me duele dejar atrás algunas personas, pero a ellas les digo “hasta pronto” porque las quiero y las volveré a ver. Sería injusto marcharme de sus vidas cuando ellos están en la mía.



    ¿Y sabéis qué? Que despedirse no es malo. Puede ser un gran alivio en muchas ocasiones. Puede significar quitarte la pesada mochila que llevas a la espalda y coger una nueva y ligera para llenarla de otras cosas hermosas como los dulces recuerdos que aguardan hacerse realidad. Por eso digo adiós, porque mi mochila pesa ya demasiado y no me deja avanzar. Quiero tirarla, saltar sobre ella y destrozarla para liberarme y coger la otra que me gusta más. Con sus miles de colores que me embelesan, me llama a gritos para que la coja, y como no soy mala persona, tengo que hacerlo para que esté feliz. Quizá así me contagie también.



    Por último, quiero decir adiós a mis antiguas ambiciones y metas, porque al yo cambiar, ellas también cambiaron. Por eso ahora es tiempo de que me fije nuevas metas y logros, y creo que ya sé por dónde empezar.



    Atentamente, mi nuevo yo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario